Definición y tipologías
Los trastornos en el control de los impulsos se caracterizan por la realización repetida de actos, sin pensar las posibles consecuencias o efectos que tendrán para los demás ni para la propia persona que los realiza. Existe un problema para controlar las emociones y el comportamiento en diferentes situaciones, una impulsividad excesiva.
Algunos de los trastornos de control de impulsos más conocidos son los siguientes:
- Trastorno explosivo intermitente. La persona experimenta conductas impulsivas de carácter agresivo y virulento y reacciones desproporcionadas a cualquier situación.
- Cleptomanía. La persona tiene incapacidad de dominar el impulso de robar objetos. Normalmente, la persona se deshace de los objetos porque el objetivo es el robo en sí mismo, no el objeto sustraído.
- Tricotilomanía. La persona es incapaz de controlar el impulso de tirarse del pelo, llegando a arrancarlo y a provocarse decalvaciones.
- Piromanía. En este trastorno la persona tiene el impulso de originar incendios, experimentando calma y alivio.
- Ludopatía, también conocida como juego compulsivo. La persona siente la necesidad de persistir en conductas relacionadas con el juego.
Características generales
Este tipo de trastornos se caracterizan por un patrón de comportamiento en las siguientes particularidades:
- Dificultad para resistir un impulso o deseo, que es perjudicial para la propia persona o para los demás.
- La realización del acto puede ser premeditada y planificada.
- En general, antes de realizar la acción, la persona siente malestar y tensión.
- Durante la acción la persona experimenta gratificación o liberación.
- La persona puede sentir, después de la acción, arrepentimiento o sentimiento de culpa.
Los trastornos en el control de los impulsos pueden tener un impacto significativo en la vida diaria y el bienestar emocional de quienes los padecen. Es crucial reconocer estos trastornos, comprender sus características y buscar ayuda profesional para gestionarlos y tratarlos de manera adecuada.